TIENDE TU MANO Y ENRÉDATE


Este tiempo extraordinario de pandemia que afecta a todas las dimensiones de la vida humana, nos ha situado en lugares comunes: la fragilidad, la pequeñez, la impotencia, la necesidad, la sorpresa, el dolor… y también la esperanza.

Nos ha hecho más conscientes que nunca de que somos dependientes unos de los otros y también de nuestra casa común. No podemos entendernos como seres aislados y desvinculado. Nacemos en un contexto de vecindad, de cercanía y proximidad a otras personas, y nuestra existencia se va entretejiendo en círculos que amplían nuestro mundo de relación.

Por eso, frente a una mirada individualista y fragmentada, en Cáritas nos gusta pensar que el mundo es un pueblo habitado por más de 7.000 millones de vecinos y vecinas que se conocen y se ayudan. Un pueblo en lo que todo lo que ocurre nos importa, una sola familia humana, de la que nadie debe quedar fuera: un planeta que es casa común, plural y diversa que nos acoge con sus brazos de hogar.

En Cáritas no queremos volver a lo de antes, sino que queremos ir hacia una normalidad nueva, más justa y fraterna, construida desde un nosotros y un nosotras que nos hace hermanos.

Para ello, es necesario que cambiemos la mirada y los estilos de vida, y no pasemos de largo ante la situación de muchos vecinos. “Hoy estamos ante la gran oportunidad de manifestar nuestra esencia fraterna. Solo falta el deseo gratuito, puro y simple de querer ser pueblo, de ser constantes e incansables en la labor de incluir, de integrar, de levantar al caído. Alimentemos lo bueno y pongámonos al servicio del bien” (Francisco, encíclica Fratelli tutti, 77).