“ESTAMOS SUBIENDO A JERUSALÉN…” (Mt 20,18)


“El itinerario de la Cuaresma, al igual que todo el camino cristiano, ya está bajo la luz de la Resurrección, que anima los sentimientos, las actitudes y las decisiones de quien desea seguir a Cristo” (Mensaje del Papa para la Cuaresma 2021)



El tiempo que estamos atravesando está marcado todavía por la incertidumbre y el miedo. Cuando todo parece frágil e incierto, hablar de esperanza podría parecer una provocación. Sin embargo, el tiempo de Cuaresma está hecho para esperar, para volver a dirigir la mirada a la paciencia de Dios, que sigue cuidando de su Creación, de todos y cada uno de nosotros.

Acojamos este tiempo del año litúrgico dejándonos iluminar, desde el inicio, por la luz de la Pascua a la que el itinerario de la Cuaresma conduce. El corazón de cada uno hace propias las palabras que la liturgia pone en los labios de María Magdalena, en el canto de la secuencia pascual: “¡Resucitó de veras mi amor y mi esperanza!”. Es el grito de alegría que disipa la oscuridad de la noche y anuncia el alba de un nuevo día.

Mientras la experiencia del vacío, de la oscuridad, del pecado y de la muerte tienden a envolver nuestra vida, la Cuaresma es el tiempo favorable para tomar conciencia y, sobre todo, para dejarnos tomar por Cristo, el Crucificado Resucitado, que nos toma de la mano, nos libera del pecado y de la muerte y nos devuelve a la Vida.