VIERNES SANTO

4/9/2020

1. Punto de partida: existe una especie de separación entre la piedad popular (procesiones) y la celebración litúrgica. El Concilio Vaticano II nos ayudó a recuperar la prioridad que tiene la liturgia como fuente de espiritualidad cristiana.

La celebración litúrgica de hoy es sobria, sencilla, pero muy expresiva. Nos pide centrar la atención en la adoración de la Cruz. Hoy no hay Eucaristía porque la Iglesia participa de la tragedia del Calvario. Sin embargo, la resonancia básica no es de dolor desgarrado (propio de la piedad popular), sino de confesión de fe en la victoria de la Cruz.

 

2. Contemplación de la Palabra:

  •  Contemplar al “Siervo” y recorrer el Via Crucis produce “compasión”. Nos duele la Pasión de Jesús porque Le amamos. Sin embargo, la fe de la Iglesia va más lejos:

  •  La Pasión, según San Juan, presenta el sufrimiento, el fracaso y abandono de Jesús como si fuesen transfigurados. En cada escena domina el señorío de Jesús, hasta tal punto que es Él quien está juzgando al mundo como Rey soberano.

  •  Su muerte humillante se revela, se manifiesta como sacrificio del Cordero, sacrificado y entronizado en la Cruz, para ser, desde ella, fuente de salvación (agua y sangre).

  •  La Iglesia pone como centro de la celebración litúrgica la adoración de la Cruz, en un ritual que reproduce, con profundo simbolismo, las palabras de Jesús en el evangelio de Juan: “Cuando sea elevado (en la Cruz) atraeré a todos hacia Mí”

  •  La Comunidad Cristiana realiza hoy solemnemente el homenaje a su Rey Crucificado.

3. Vida:

  •  ¡Qué capacidad tenemos los humanos para pervertir las cosas!

Hemos hecho del escándalo de la Cruz un símbolo de violencia (espada y cruz) o un recuerdo placentero (piedad formalista), algo domesticado e inofensivo. También un adorno de nuestras casas y escuelas.

  •  Al principio del cristianismo fue la principal dificultad para ser cristiano. Pablo afirma que sólo debemos gloriarnos en la cruz de Nuestro Señor Jesucristo. Pero la gloria de la que habla Pablo nace del escándalo de la Cruz, del milagro que es creer en el Mesías crucificado y darnos cuenta de que:

    • en ella está la presencia del amor salvador.

    • la omnipotencia de Dios en la debilidad

    • la sabiduría de las bienaventuranzas como proceso de transformación del mundo

    • que todo adquiere sentido: hasta la muerte injusta del inocente

    • que nada está perdido; que Dios mismo es la garantía de los perdedores

    • que el amor es la única victoria sobre las fuerzas del mal y del pecado

    • que servir es reinar

 

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